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Pacho O’Donnell : “La pasión de mi vida es descubrir lo que está oculto”

Pacho O’Donnell participó de un nuevo encuentro de Hombres de Buenos Aires ante un auditorio repleto en el Museo Evita. Conversó sobre la figura de Eva Perón, historia argentina y su propia vida. El presidente del Banco Provincia, Gustavo Marangoni, le otorgó una distinción por su “polifacética y policromática vida”.

Gustavo Marangoni distinguió al intelectual: “Pacho ha vivido muy intensamente. Es dramaturgo, psicoanalista, historiador, fue embajador, secretario de cultura. Vive con una pasión enorme y se siente muy bien con su vida. Es un modelo a seguir. Es muy bueno que tengamos estos espacios para compartir con gente que deja su marca. Pacho le quita solemnidad a la Historia y a las historias. Poder reconocerlo con esta mención es un honor. La polifacética y policromática vida de Pacho tiene pedacitos con los que todos nos podemos identificar. Nos ayuda a recrear las mentiras y verdades en la Historia”.


“Es imposible no recordar a Evita en este lugar”, comentó Pacho O’Donnell al comenzar la charla, conducida por Silvina Chediek. “Voy a contar algunas cosas que no todos saben”. El escritor, médico especializado en psiquiatría y psicoanálisis, político e historiador argentino narró algunas anécdotas poco conocidas de la figura de Eva Perón como su casamiento con Perón, el recorrido de su cadáver y la escisión de la sexualidad femenina en su discurso.

Además, O’Donnell compartió elementos de su propia biografía. “En mi casa eran muy antiperonistas”, dijo y continuó: “Mi padre era conservador. Viví una infancia muy antiperonista, donde se escuchaban los discursos de Perón con rechazo y temor. Mi hermano Guillermo era dirigente de la UBA, fue perseguido. Así que mi aproximación al peronismo fue difícil. Me acuerdo cuando mi familia me llevó a celebrar el golpe del ’55. Recuerdo la mirada de los muchachos de la estación de servicio y darme cuenta de que no todos estaban contentos. Fue bastante complicado. En la entrevista que me hace Eduardo Anguitta en el libro La Confesión salió claro que mi posibilidad de acercarme al peronismo fue a través de los próceres que yo admiro. Me he dedicado a la historia del siglo XIX y mi tarea como revisionista ha sido reivindicar algunos de esos personajes que la historia oficial ha estigmatizado, negado, oscurecido como Juan Manuel de Rosas, los caudillos federales, Artigas, Monteagudo, Juana Azurduy, etc. Es muy claro que ellos hubieran sido peronistas”.

“Yo supuestamente tuve una infancia muy feliz. Una familia de buena posición económica, profesionales, de Barrio Norte, una familia burguesa tradicional. Pero con todos sus dramas también. Una condición es ocultar los conflictos, las tragedias ocurren atrás. Y yo, por esas decisiones familiares inconscientes, estaba en el lugar de la tragedia, en la trastienda de una familia aparentemente perfecta: soy el último hijo varón no esperado. Si yo no resolvía este tema me iba a volver loco. De esto deviene que la pasión de mi vida es descubrir lo que está oculto. En el psicoanálisis es develar el inconsciente; en la historia, lo que no muestra. Si hubiera elegido otra profesión sería la arqueología. También como dramaturgo, el teatro es mostrar algo que se fabrica detrás”, afirmó.

O’Donnell señaló: “La neurosis se produce por la represión de impulsos, sentimientos, recuerdos no aceptados por la conciencia y enviados a la inconsciencia. La curación, según Freud, es por el recuerdo. Con la historia pasa lo mismo. Un país como el nuestro que tiene una historia tan falseada, condicionada, un país sin una historia verdadera no puede funcionar bien. Por eso el sentido que tendríamos que tener los historiadores es recuperar aquello que ha sido suprimido. De esa forma tendremos una historia que verdaderamente nos pueda soportar como una Nación íntegra”.

El intelectual explicó que el proyecto vencedor de nuestro país fue creado por la “oligarquía portuaria”, haciéndonos dependientes de Gran Bretaña económicamente. “Esto se acompañó de la colonización cultural: la exaltación de la civilización europea. Así fue como se escribió la historia oficial, una constante denostación de lo propio. Por eso los argentinos tenemos eso de que lo ajeno siempre es mejor que lo propio. No se hizo ningún esfuerzo, como sí pasó en México, de articular lo externo con lo interno. Hemos sido formados para tener poco sentimiento nacionalista. Además, también hay un rechazo por la apropiación que hicieron los gobiernos golpistas de los símbolos y figuras patrias. Aunque un poco ese sentimiento está como se ve en los festejos del Bicentenario, los partidos de fútbol”.

El exilio fue una experiencia sumamente dolorosa. Lo que lo justifica es el temor. A mí me iba muy bien acá, había publicado mi primera novela, un libro de cuentos, una obra de teatro y en 1976 me tuve que ir. Nos fuimos a Madrid. Fue difícil adaptarse. Uno se constituye por el espejo de los demás. Cuando estos espejos faltan, uno entra en un estado confusional grave, del que podés no recuperarte. Además, para el argentino es difícil adaptarse a otro país. Un terrible momento es el desexilio. La Argentina no es un país particularmente receptivo. Nadie entiende por qué uno se exilió. La gente siente que los abandonaste. Es muy difícil recuperar lo que dejaste. No sólo en lo económico, sino también en lo afectivo”, aseguró.