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Lectura infantil “El ejemplo es el primer paso”

Conversamos con Rocío Bressia, Lic. en Letras, especialista en literatura infantil. Brinda capacitaciones a docentes y es responsable de contenidos de la Fundación Leer, ONG dedicada a la promoción de la lectura. Además, fue coordinadora del patio infantil en la Feria del Libro.

¿Cómo fomentar el hábito de la lectura en los niños?

Como siempre decimos, la lectura es una práctica cultural, social. Los niños desde muy pequeños querrán leer y escribir porque podrán ver adultos (familia, maestros) en situaciones puntuales donde la lectura o escritura de textos resulta la clave de participación y experiencia. En este sentido, ¿cómo fomentar? No hay otra, siendo nosotros, los adultos, lectores entusiastas y activos de gran variedad de textos en un sinfín de situaciones.

¿Cómo se puede incentivar el amor por la lectura en las distintas etapas del crecimiento?

El ejemplo es entonces el primer paso. La referencia, la motivación. El acceso a buenos libros es una segunda cuestión. Para formar a los niños como lectores no vale cualquier texto, para hacerlos “amantes” de los libros, menos.

¿Qué se puede hacer en la primera infancia?

Si hablamos de lo que los adultos pueden hacer en concreto es simple: ser puentes entre los libros y ellos. No les compremos libros, vayamos juntos a la librería y pasemos horas mirando leyendo fragmentos, evaluando y decidiendo cuál llevar. Y no se trata de comprar necesariamente. Las bibliotecas están bien provistas y en cualquier barrio. Háganse socios, vayan juntos.En casa, lean en voz alta. No dejemos que la maravillosa experiencia de leer en voz alta queda encerrada al momento previo al sueño o para los más chicos. No creo que haya nadie que no disfrute de que le lean una buena historia. E incluso, la compu nos provee de material en este aspecto. Proyectos como Audiovideotecaba tiene un interesante archivo de audiocuentos narrados en la voz de los propios escritores, o los micros de Calibroscopio de Paka Paka con actores argentinos como relatores. Para los más grandes, en Youtube está casi completa la serie de Alberto Laiseca contando historias fantásticas. Imperdibles. Y para los que no se animan a leer, narrar, contar o recordar historias, leyendas, anécdotas o experiencias. Todo vale.

¿Cómo enseñar a los chicos a leer?

En líneas generales: leyéndole, cantándole, conversando, jugando, permitiéndole explorar con libertad la más amplia variedad de textos que podamos juntar, y motivándolo para que experimente y escriba y dibuje y cuente. Que sea parte de eso que ve en los grandes.

En una entrevista dijiste “Hay una tendencia generalizada a decir que los adolescentes no leen y esto no es real”, ¿por qué?

No hace falta otra cosa que ir a los informes de las propias editoriales. Ocurre que los adultos no queremos asumir que quizás a nosotros mismos nos falta espacios y tiempos para la lectura. Los pibes leen y escriben todo el tiempo, como en ningún momento de la historia. Que no validemos esas prácticas no quiere decir que no existan. Los miles de adolescentes que hacían colas en la Feria del Libro para firmar sus ejemplares de novelones distópicos de 700 páginas son claramente lectores, ¿o no?

¿Creés que los videjuegos, la televisión o la computadora restan tiempo a la lectura? 

Sí y no. Si sabemos motivar la práctica de la lectura de ficción, esta encontrará su lugar en el ocio de cualquiera. Los lectores jugamos videojuegos, seguimos fanáticos series de televisión y actualizamos nuestros perfiles en las redes sociales. Y esto no nos impide dejar de lado la lectura, porque sabemos que algo yace allí que no se suple con ninguna de las otras prácticas. El tema es que la infancia y la adolescencia es el momento clave para que los adultos generemos esta confianza en ellos.

¿Cuál es la relación de la lectura digital y la lectura en papel?

Son dos modos de leer que tampoco compiten o se suplen. La lectura digital habilita cruces, intertextualidades y recursos que el papel no. Y al revés, el papel parece encerrarnos en una ambiente cálido y único dejando todo atrás. ¿Qué es mejor? No tengo ni idea. A mí a veces me gusta el reader, a veces, el papel. Es una convivencia maravillosa.

La oferta de literatura infantil y juvenil es hoy una de las más variadas del mercado. ¿Qué libros de LIJ nos recomendás?

Vamos por autores nacionales. Creo que nadie debería perderse a María Elena Walsh, a Elsa Bornemann y a Ema Wolf. De ningún modo a Pescetti, a Mariño, a Birmajer, a De Santis, a Andruetto, a Devetach o Roldán. Tenés que ver algo de Isol sin duda y de Bernasconi. Y definitivamente, todo argentinito debería leer sin falta algo, por lo menos algo, de la inconmensurable Liliana Bodoc. Recomiendo los cuentos tradicionales en buenas versiones y los clásicos infantiles como Alicia, Pinocho, El Mago de Oz. ¿Internacionales? Bojunga, Nostlinger, Ende, Dr. Seuss, Sendak… Ay no sé, siento que me olvido miles. Y para el final, sí, claro, mi favorito: lean a los niños todo lo que encuentren del insuperable Roald Dahl. En serio, todo.

Como coordinadora del patio infantil, ¿qué actividades realizaron el año pasado en la Feria con los niños?

La coordinación del Patio Infantil de la Feria del Libro fue una oportunidad para mí. Una oportunidad para revertir estereotipos, creencias y prejuicios muy dañinos en relación con la infancia. Que todo debe ser ñoño y pueril, que actividad infantil implica bricolaje, que no existen actividades culturales de calidad para los niños, que a ellos les da lo mismo, que todo debe ser colorido y con payasos y colores para pintar. Tuvimos talleres de búsqueda al estilo victoriano de Sherlock Holmes, conciertos didácticos con músicos de conservatorio, encuentros de cine de animación, narraciones de todo tipo y hasta talleres de doblaje de películas infantiles. Yo elegía las propuestas pensando tanto en los chicos como en mí. Creo que la base es no subestimar a los chicos.

En otra entrevista afirmaste: “Los alumnos deben participar en la elección de los textos”, ¿podés explicarnos esta frase?

Cuidado con los gustos. Los niños eligen sobre la base de lo que conocen, de lo que les dicen que está buen, de lo que les venden. Es un horizonte de selección estrecho que como adultos tenemos el deber de ampliar. Es decir, la selección debe ser un diálogo entre sus intereses y la apertura.